Las bolsas de plástico para transportar los productos del supermercado al hogar tienen los días contados. A partir del próximo 2010 deberán ir desapareciendo.
Ya estamos viendo anuncios de algunas grandes superficies que nos indican que así será, que ya no se darán las bolsas.
Me parece bien que vayan desapareciendo. Pero no nos dejemos engatusar y reflexionemos sobre algunos asuntos.
Coste ecológico o ambiental de las bolsas de plástico. Impacto económico. Aumento de ganancias. Ideas escondidas.
Está clarísimo que tanto la fabricación de las bolsas como el residuo que es ella misma perturban y afectan negativamente al medioambiente.
Pero, en primer lugar, el coste económico de dichas bolsas que se van a ahorrar los supermercados debería repercutir en una bajada de los precios de los productos. No creo que esto suceda, más bien aumentará el margen de beneficio de este sector. Este hecho queda encubierto, lo único de lo que se habla es del ahorro ecológico. Mensaje tendencioso y peligroso puesto que oculta otro fin, el aumento del lucro de los propietarios.
Al contrario, se habla de que el consumidor deberá PAGAR si quiere bolsas de plástico. O sea, doble ganancia para los propietarios. Es que me parece que se creen que somos tontos… Y quizá lo somos…
Recordemos que algunos “supers” con productos a precios muy bajos ya hacían pagar algunos céntimos por las bolsas. Además, se puede usar la bolsa de plástico del super como bolsa para la basura, la aprovechas y evitas comprar bolsas de basura.
Los que sí se quejan son los productores de bolsas que van a ver como su imperio del plástico cae en picado. O sea, que lo importante es el dinero, no el planeta.
Y aquí quisiera hablar del resto de productos de plástico que generamos y que ni se habla: carne, embutido, quesos, ensaladas, verduras, productos de higiene, arroz, leche, aceites, y mil productos más envasados en bandejitas de plástico de usar y tirar.
Evidentemente, esto también debería desaparecer y lo antes posible.
¿Quién habla de ello? ¿Cuántos están dispuestos a eliminar todo este mundo de plástico? ¿Cómo se van a repartir los ingresos? ¿Quién cargará con el incremento de los costes? Poder económico y poder político camuflados en la bandera ecologista.
Cuidado con ponerse la bolsa de plástico en la cabeza y no ver más allá, podemos ahogarnos… Digamos adiós a las bolsas de plástico, es fácil cambiar este hábito. Pero el hábito no hace al monje y podemos caer en la trampa de sentirnos solidarios y ecológicos sólo por este hecho, necesario pero insuficiente, y olvidarnos de que nos están manipulando y escondiendo información acerca de los planes reales de los que están arriba.
¡Salud planeta! Para salvarlo necesitamos nuestras neuronas en plena forma; reflexionando, conversando, criticando, buscando caminos escondidos, reivindicando,… Y sobre todo: tomando nosotros mismos las decisiones acerca de qué hacemos y cómo lo hacemos.