Encontré en mi interior el inicio del hilo, poco a poco tirando de él voy deshaciendo el nudo, ese nudo que llevo en la panza.
Desconectada la mente del corazón y el corazón de los instintos. Cada una de las tres partes caminaba a su aire, sin escuchar ni hablar a las otras.
Sin ser un ser holístico, siendo trocitos sueltos, un puzle sin resolver.
La mente inquieta y asustada por el ego.
El corazón triste y encogido.
Los instintos tan fuertes y ancestrales, chillando sin cesar.
Por fin pude entender algo: ese nudo es el amor a los hijos que no tengo, que quizá nunca tendré…
¿Y qué hago con ese amor si me duele? No creo que el amor deba doler, el amor es algo bonito, sanador y no algo oscuro y doloroso.
Es el amor que daría a mis hijos, grande, inmenso, puro. Pero sin los hijos ¿a quién dárselo?
Si no lo regalo se queda enquistado en mis entrañas, si lo niego me rompo en pedacitos…