La revetlla de Sant Joan es una noche mágica, especial y pagana.
También llamada la noche de las brujas o solsticio de verano, es la noche más corta del año (al menos en el hemisferio norte).
Como bruja que soy, este año también lo celebré. Y también fue inusual.
Fuimos a la playa de Barcelona. El ambiente es buenísimo, se reúnen personas de todos tipos y edades. Unos lanzan sus petardos para disfrute de todos, otros encienden velas en la arena, otros bailan descalzos y los más valientes se bañan en el mar.
El tono del ambiente va subiendo progresivamente, hasta que el desfase es máximo.
Eso sí, a las 6h todos fuera que hay que limpiar y dejar espacio para las personas que desean ir a la playa por la mañana.
A última hora, o primera de la mañana según se mire me sucedió algo inesperado.
Los chicos habían ido a aparcar el coche y a terminar con las municiones de petardos (se dice que lo mejor es terminar la artillería antes de acostarse…).
Bien, pues mientras mi novio y su amigo quemaban los restos, ella y yo subimos a su casa (las dos novias podríamos decir…).
Nos dispusimos a acomodarnos y me enseño cuál sería mi (nuestra) habitación. Caímos desplomadas encima la cama, con los pies doloridos de tanto bailar y las carcajadas eco de una noche divertida.
De repente, empezó a acariciarme el pelo.
Mira que cariñosa pensé…
Luego me besó en el hombro.
Por lo visto me puse tensa y me dijo: No te incomodes…
Siguió besándome, pero esta vez fue más húmedo.
Igual sólo es fraternal, me intentaba engañar a mí misma.
Por un segundo me pareció sexy ese rollito lésbico, muy tierno. Apetecible, hipnotizante, seductor.
Pero mi razón rápidamente actuó. En 5 minutos subiría mi pareja y la suya. La situación era un poco embarazosa…
¿Qué haces? – le pregunté dulcemente.
Disculpa – respondió – toda la noche que me fijo en tu escote…
Entonces las dos nos miramos y empezamos a reírnos.
Fuimos capaces de hablar directamente, sin prejuicios y de reírnos de nosotras mismas.
Nunca dije de esta agua no beberé. De hecho me atrae la idea de acostarme con una mujer.
Pero todo tiene su momento y ahora no es...
En fin, ¡me lo tomo como un piropo!