Mirar a través de la cerradura es una tentación muy fácil de caer en ella si te lo ponen fácil. Seguramente la atracción está en ver sin ser vistos; cotillear a campo ancho con libertad. ¡La intimidad al garete!Pasada la emoción inicial, ese subidón de adrenalina, aparece el riesgo de saber la verdad.
Esa verdad para la cual no sabemos si estamos preparados.
Entonces mientras enfocas la vista, bailando en el filo por unos instantes, una punzada de temor te rasga.
Cada cual sabrá si prefiere apartar la mirada y vivir con el dulce engaño de las mentiras piadosas o no apartar la vista y sacar las mantas al sol afrontando lo que venga.
4 comentaris:
Es difícil que querer. Por un lado saber la verdad sería lo perfecto incluso sería mejor si fuéramos honestos los unos y los otros. Pero yo creo que la mayor parte de las veces es mejor no investigar las cosas, porque siempre puedes encontrar grandes decepciones. Además al final antes o después decepciones como mentiras vendrán a nosotros.
Es el doble filo que nos envuelve: por fuera una imagen y a escondidas, o peor a espaldas otra...
Un besito
Amiga Arda, tienes toda la razón, a veces vale más afrontar la realidad por dura que sea, que seguir mirándola por la cerradura y apartando la mirada cuando no interesa. Gran metáfora. Un abrazo.
La verdad, la verdad... la verdad es algo que imprime respeto en el ser humano. No, no, yo no quiero saber la verdad, prefiero intuirla y creerme que lo que pienso y sueño es de verdad, sin saber que son sólo juegos de mi mente. Y es que ¡no existe la verdad!
Un beso.
Mirar no lo sé. Pero siempre es mejor saber que no saber...
Besos que no engañen.
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